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Lo hemos visto en un interesantísimo artículo de El País, en el que detallan los distintos ciclos del sueño que tenemos a lo largo de nuestra vida.

El sueño cuando somos bebés

Cuando estamos en la edad de los biberones dormimos una media de 16 a 17 horas diarias, aunque lo hacemos de forma interrumpida, cada cuatro o cinco horas como mucho solemos despertarnos reclamando alimento. Además en esta edad no nos  importa el entorno, ya puede estar una taladradora a pleno rendimiento que dormimos igual.

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Tra los primeros cuatro meses y medio de vida, aproximadamente, los expertos consideran que el sueño cambia y pasa a ser monofásico, esto significa que el sueño pasa a ser nocturno y de un tirón. Etapa que los padres esperan con especial ansiedad por lo duro de los comienzos.

El sueño en la adolescencia

En esta edad el sueño nos entra más tarde. Según la revista Time cuando estamos en la edad del pavo nos cuesta dormirnos antes de las 23 h. y nos cuesta mucho, pero mucho, despertarnos antes de las ocho de la mañana. Pero qué más da que lo digan los expertos. Nosotros siempre a contranatura y nos pasamos estos años peleando con unos críos que están en la edad más rebelde para que se acuesten y se levante.

De hecho parece que en algunos institutos de USA han retrasado la hora de entrada de los alumnos para favorecer el sueño. Ahora llegará Trump y se cargará el experimento.

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El sueño en la edad adulta

A medida que nos hacemos adultos y vamos abandonando poco a poco la adolescencia y la juventud, el umbral del sueño se va acortando, es decir, dormimos menos horas pero además cada vez nos despertamos más veces. Es decir, no conseguimos dormir todas las horas del tirón. Y esto se va agravando cada vez más, pero es algo natural que no debe agobiarnos. A no ser, por supuesto, que los trastornos que tengamos del sueño sean más exagerados en cuyo caso hay que buscar las causas.

Medidas que podemos tomar para favorecer el sueño

  • Si nos despertamos en medio de la noche hay que intentar no encender luces, ya que podríamos estar enviando una señal al cerebro de que ya es de día.
  • Debemos adaptar lo mejor posible nuestro sueño a los ciclos de luz. Es decir, despertarnos con el amanecer y dormirnos cuando anochece. Aunque esto lógicamente según la época del año y la zona geográfica resulta más o menos complicado.
  • Las rutinas lo son todo en el sueño. Si tienes una vida ordenada y rutinaria conseguirás ciclos de sueño de mayor calidad.
  • Separa la cena o las actividades deportivas lo máximo que puedas de tu hora de dormir.
  • No te obsesiones con las horas de sueño, lo importante es que te levantes descansado y si un día duermes mal seguramente al día siguiente conseguirás dormir mejor. Intenta seguir los consejos anteriores para que así sea.
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