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Hoy os vamos a contar un caso verídico que le pasó al padre de uno de los colaboradores de este blog, de ahora en adelante, Fulanito.

En el año 2005, una conocida empresa de telefonía, comenzó a llamar reclamando una deuda de no más de 50 € a Fulanito. Atendiendo a esas llamadas, Fulanito les explico que estaban cometiendo un error, pues él nunca había sido, ni era, cliente de esa empresa. Difícilmente podían reclamarle algo pero la empresa insistía con numerosas llamadas a lo largo de varias semanas.

De repente un día, cesaron las llamadas. Al cabo de unos pocos meses volvieron a la carga, sin embargo, ahora quien llamaba era una empresa externa, independiente de la empresa de telefonía, que había comprado un paquete de deudas y que amenazaba con todo tipo de acciones en caso de no producirse el pago. Tras explicar de nuevo que era imposible, esta gente con muy malos modos y muy poca educación volvía a esgrimir amenazas y todo tipo de comentarios dudando de lo que Fulanito les decía. Entonces Fulanito decidió enviar un escrito por burofax a esta empresa explicando que nunca había sido cliente de la empresa de telefonía de la que le reclamaban la deuda. Imposible hablar con responsables de ninguna de las dos empresas.

Tras un período de varios años sin saber nada del tema, en este mismo año, 2015, ni más ni menos, de repente vuelve el acoso de la empresa que compró la deuda y vuelven las amenazas más desagradables y maleducadas que nunca.

falsas deudas acoso telefónico

Fulanito, aparte de alucinar, que después de 10 años todavía esté este tema a vueltas y le sigan molestando, decide asesorarse y poner fin a este acoso telefónico tan horrible. Estas son las medidas que tomó:

1. Se dirigió Al Ayuntamiento de su ciudad para conocer si había algún organismo que le pudiese ayudar y fue derivado a la OMIC (Oficina Municipal de Información al Consumidor). En dicha oficina le ayudaron a cubrir un formulario que el propio organismo enviaría a las empresas acosadoras para mediar en el problema.

2. De forma paralela, y aconsejado por la OMIC, tramitó una denuncia en comisaría. Conforme le estaban acosando telefónicamente y a la vez reclamando una deuda que no le correspondía.

Tras realizar estas dos acciones y después de tres semanas, llegó una carta de la empresa telefónica en la que decía con un vocabulario bastante ambiguo que debido a la antigüedad de al deuda decidía perdonar la misma y borrar el expediente.

Así acabo esta esperpéntica historia que nos enseña que aunque llevemos razón es mejor protegerse y actuar para acabar con las injusticias de algunas operadoras de telefonía. Cuando ven que alguien se lo toma en serio y denuncia suelen bajar las orejas.

Además tenemos que ser conscientes que hay prácticas hoy en día de ciberdelicuentes que secuestran tus datos y pueden darte de alta en cualquier tipo de servicio sin tu autorización y sin tu firma, por lo que no tendrá ningún efecto si reclamas legalmente.

Otras empresas se dedican a reclamar supuestas deudas que no son reales y a base de asustar y amenzar a los consumidores consiguen pagos.

Lo primero que debemos hacer es no ponernos nerviosos, no acceder al pago, solicitar documentación sobre el pago y dejar muy claro que mientras no te envíen una factura no vas a pagar nada. Por ahí podrás detectar si es una estafa ya que una empresa seria que te reclama un pago siempre te brindará la factura y ayudas para conseguir el pago lo antes posible.

Después acude a cualquier oficina del consumidor, ya sea Facua, Ocu, o la de tu propio Ayuntamiento y asesórate.

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